Tarragona une el casco urbano con la playa a través de pasarelas

Tarragona une el casco urbano con la playa a través de pasarelas
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A pesar de que su término municipal queda abrazado por las olas del mar, en Tarragona la tradición no obliga a tocar agua sino a tocar hierro (tocar ferro). El paseo peatonal que rinde todo visitante a la ciudad termina, o empieza, nunca se sabe, con un rato de sosiego en la barandilla ferrosa del Balcó del Mediterrani, muy cerca del anfiteatro romano. La panorámica desde esa terraza que se eleva una treintena de metros sobre la playa del Miracle, es hermosa, pero allí donde alcanza la vista no pueden llegar las piernas. Salvar la altimetría que fractura la conexión del centro urbano con la playa es el desafío que trata de solventar el proyecto que impulsan a cuatro manos el ayuntamiento tarraconense y la Autoridad portuaria.

Un entramado de rampas y pasarelas va a tratar de coser el roto que separa la principal arteria vial de Tarragona, la Rambla Nova, con su playa más urbana, el Miracle. La voluntad de conexión, por antigua, tiene poco de original pero, hasta ahora, los intentos por acercar dos zonas de la ciudad que están condenadas a entenderse se habían visto frustrados dada la complejidad de los trabajos. Porque, además de la diferencia de alturas, existe otro obstáculo urbanístico en forma de vías del tren.

“Durante décadas Tarragona se ha mirado el mar un poco de lado” concedía el alcalde Josep Félix Ballesteros en el acto de presentación de una obra que está presupuestada en poco más de un millón de euros y que fija para “finales de 2016” su límite de ejecución. A través de un sistema de cuatro pasarelas y del auxilio de dos ascensores de gran capacidad, la ciudad pretende “recuperar la mirada al mar”, en palabras de Ballesteros, y “ganar accesibilidad al puerto deportivo, al rompeolas y al muelle de costa para ayudar a dinamizar la zona”, según Josep Andreu, presidente de la Autoridad Portuaria de Tarragona.

El ambicioso plan urbanístico para liberar la fachada marítima de las vías del ferrocarril ha quedado abandonado en el cajón más hondo de los proyectos pendientes, debido al coste astronómico que supondría la obra y, mientras, ayuntamiento y puerto se han puesto de acuerdo para buscar una solución alternativa y mucho más barata. Tanto Andreu como Ballesteros se apresuran a puntualizar que la obra de las pasarelas no hipoteca el sueño de limpiar de vías y catenarias el frontón marítimo pero, por el momento, se ha encontrado un atajo para “recuperar la conectividad con el mar”.

Andreu, que asegura haberle pedido al alcalde que “dejara fuera de la campaña política este proyecto, porqué es un proyecto de ciudad”, manifiesta que la totalidad del presupuesto de la obra la asume el Port de Tarragona y, del mismo modo, la institución también se encargará de los costes de mantenimiento cuando la obra ya esté terminada. Unos costes que se centraran, principalmente, en la gestión de los dos ascensores que, des de uno de los tramos de pasarela, deben conectar directamente con la playa del Miracle.

Con los trabajos Tarragona pone el mar a sus pies y el puerto se abre a la ciudad, con lo que confía en oxigenar el paseo marítimo y revitalizar el espacio del puerto deportivo, antaño una popular zona de ocio nocturno pero muy venida a menos.

“Des del Balcó del Mediterrani al puerto deportivo solo hará falta recorrer 410 metros”, revela el presidente del puerto y, a su vez, el alcalde añade que a día de hoy el mismo trayecto requiere andar “2’2 kilómetros”

Via-Elpais

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